Fotografiar es tomar instantáneas. Levantar acta notarial de una situación que ha durado una fracción de segundo. Hacer fotos es otra cosa, es opinar. Mostrar, con mejor o peor talento, la versión de algo que uno ha visto. Pero en ambos casos la imagen narra una realidad que tal vez no hubiese podido hacerlo el idioma.

La celebración de una semana santa podría tener muchas interpretaciones, desde infinitos ángulos. Podríamos estar de acuerdo o no con ella, pero en todos los casos tiene un sustrato místico, que no se puede captar fotografiando la imaginería típica, si no más bien los ojos, la mirada, los gestos de sus participantes, sumergidos en el ambiente -artificial- que los rodea.

Parte de ese misticismo y de ese artificio se pueden ver en estas fotografías.

Semana Santa en Alicante

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